HISTORIA DE lA EDUCACION ARGENTINA
Las primeras escuelas
En la mayoría de estas escuelas, los primeros maestros fueron sacerdotes. ¿En qué consistía y quiénes recibían este tipo de enseñanza? Adolfo Garretón afirmaba que todos los padres podían enviar a sus hijos a las escuelas "sin primacías ni distingos". Pero lo cierto es que la educación estaba más cerca de ser un privilegio al que sólo accedían los niños de los sectores acomodados. En la posibilidad de asistir o no a la escuela, se cristalizaba la desigualdad jurídica: los negros, mulatos y esclavos tenían prohibido el acceso. Como señala Rubén Cucuzza:
Durante la época colonial y hasta avanzadas las primeras décadas del período independiente, los que leían eran muy pocos y los que escribían, aún menos. El acceso a la lectura y escritura estaba limitado a la aristocracia blanca y era denegado a los negros esclavos.
Pero la transmisión de la cultura no se circunscribía con exclusividad a universidades, colegios o escuelas de primeras letras. Por ejemplo, entre las estrategias que se desplegaron para instruir sobre las verdades, se contaba con los sermones. A través de ellos, la población iletrada no quedaba al margen de la educación, en tanto se hallaba expuesta a la lectura en voz alta, práctica de uso común en los barcos, posadas, plazas, iglesias y traspatios de las casas. El horario escolar no estaba pautado, pudiendo llegar a variar según el clima o la lección del día. El método de enseñanza de la lectura era colectivo y memorístico, por medio del coreo y la repetición. En un primer momento se utilizó el método alfabético: primero se deletreaba, luego se pronunciaban sílabas y finalmente palabras y frases. Para su enseñanza se utilizaban catones y catecismos, libros que estaban cargados de un fuerte contenido moral. El formato de lectura estaba pautado a partir de una serie de preguntas y respuestas que debían ser recordadas y repetidas de memoria. El objetivo de la enseñanza en las escuelas de primeras letras fue el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo. Estos saberes estaban precedidos por la enseñanza de la doctrina cristiana, que se efectuaba a través de la lectura del catecismo.
Los jesuitas fueron, junto a los mercedarios, precursores en la creación de escuelas de primeras letras en Buenos Aires. En ellas también se enseñaban, a los más adelantados, estudios menores sobre nociones de teología, gramática latina y letras en general, con aulas o cursos que funcionaban separados de la enseñanza del claustro. A diferencia de la desorganización imperante en la enseñanza parroquial, los jesuitas hicieron especial hincapié en la disciplina, agrupando a los niños en cofradías y haciéndolos desfilar por la calle entonando cantos religiosos y vistiendo uniformes de antiguos cruzados.
¿Existían otros métodos de enseñanza? El inspector de escuelas Juan P. Ramos —en una mirada retrospectiva sobre la educación colonial efectuada en 1910— mencionaba que el principal método pedagógico residía en la aplicación de castigos físicos: los castigos corporales han sido terribles en las escuelas de antaño. Podía no enseñarse, tal vez, en ellas; el maestro podía ser un pozo sin fondo de ignorancia; pero en ningún caso dejaba de aplicar con una estrictez admirable el proverbio "la letra con sangre entra"
- Los jesuitas son expulsados de las colonias españolas en 1767. Como eran la orden religiosa con más desarrollo en materia educativa, su expulsión deja un enorme lugar vacante.
- A los pocos años de su expulsión, las autoridades coloniales empiezan a recibir solicitudes de particulares para "abrir escuelas". Estos particulares podían ser sacerdotes (en ocasiones, ex-jesuitas), pero también otras personas, que buscaban ganarse la vida con el oficio de la enseñanza.
- Las autoridades coloniales (hay toda una variada burocracia
local y regional), autorizan en muchos casos estas escuelas, pero con
condiciones que son cada vez más precisas y exigentes:
a) Un espacio regulado. Las escuelas debían poseer un recinto que sólo debía utilizarse para enseñar (no se podía compartir con otras tareas como las de un taller, una iglesia o una casa). Para eso se emplearon los edificios administrados por la Junta de Temporalidades (los que habían pertenecido a los jesuitas recién expulsados), también casas o habitaciones alquilados para enseñar y en algunas otras ocasiones el domicilio de los maestros autorizados.
b) Un tiempo reservado. Herencia de las regulaciones de las órdenes religiosas, las escuelas debían fijar horarios para cada actividad (parcelación de los ejercicios, rezos, lecturas). Pero también se va fijando un tiempo anual para la escuela, estableciendo fechas de inicio, finalización y recesos, así como los períodos marcados por festividades religiosas o públicas. La regulación sobre el tiempo escolar también contribuyó a su diferenciación como institución especializada. Si al principio estas escuelas podían parecerse a la vida de un convento, eso permitió que se diferenciaran de la vida privada. Como recuerda Martínez Boom, era posible decirles a los niños "ya no estás en tu casa".
c) La especialización de los sujetos escolares. Las autorizaciones establecen quién puede enseñar y quiénes pueden ser sus alumnos. Las escuelas de primeras letras surgen destinadas al confinamiento y el
disciplinamiento de niños pobres. El crecimiento de la población urbana en el mundo colonial se convierte en un problema de gobierno. ¿Qué hacer con los niños ociosos? ¿Cómo evitar que sean un factor de desorden para las ciudades? La función de estas escuelas no era tanto transmitir conocimientos sino disciplinar un sujeto social que emerge.
En los primeros planes, la escuela se
define en torno del maestro. Los maestros son personas autorizadas por los
poderes públicos. Se regula cómo se pagará su trabajo: estipendios surgidos de
las Temporalidades
(nuevamente, los recursos que habían sido dejados por los jesuitas tras su
expulsión), cobro a las familias de los alumnos que podían pagar, fondos
propios de los Cabildos. Surge así el maestro público.
Como contraparte, las autoridades políticas controlan a los maestros a través
de pruebas y exámenes, como podemos ver en el siguiente fragmento del informe
de un funcionario del Cabildo de Buenos Aires en 1818, encargado de recorrer
escuelas y examinar a los maestros:
"Con respecto a lo formal, en lo que se presentó más expedito fue en el conocimiento del valor de las letras; pero en lo demás bastante limitado. Por eso es que escribió vara con B, y aparece enmendado por mí, como igualmente ordenada la puntuación, que allí se ve. No es gramático en idioma alguno. Tiene principios de aritmética, pero olvidados, pues la operación sencilla, que aparece en la plana se puso primero en borrador, y tanto allí como para asentarla en limpio, fue preciso armársela hasta colocarla en el orden que se presenta; sin embargo, como este joven no ha tenido tiempo (según dice) para prepararse, y por sus enfermedades anteriores hace medio año que no versa materia alguna de instrucción; como asimismo por la viveza, que se advierte en penetrar las contestaciones, apenas se le apuntan, creo que si se aplica en lo sucesivo promete mucho más lisonjeras esperanzas que Mariano Romero examinado también por mí el mes pasado, y menos apto que el presente."
(Archivo General de la Nación, evaluación informada por el inspector Rufino Sánchez en 1818, sobre el maestro Marcelo Capdevila, citado en: José Bustamante Vismara (sin fecha) Buscando los maestros perdidos (campaña de Buenos Aires, 1800/1860). Programa Interuniversitario de Historia Política)
